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Tierras ancestrales: Este jugador de críquet de Nueva York rinde homenaje a su legado caribeño

Cuando Derick Narine se mudó de Guyana a la ciudad de Nueva York, su amor por el críquet y su comunidad lo acompañaron.

Retratos: Familia, críquet y comunidad con Derick Narine

Snap Shots es serie en la que hablamos con atletas urbanos de todo el mundo.

Desde el momento en que pudo sostener un bate, Derick Narine se obsesionó con el críquet. Cuando llegó a la adolescencia, ya estaba en la selección su país, Guyana. Luego, después mudarse a Nueva York al comienzo de la secundaria, llevó a su equipo a su primer campeonato. Sin embargo, la conexión de Derick con este deporte no se queda solo en los premios. El críquet corre por la sangre de su familia y, cada vez que sale a batear, se siente conectado a una larga cadena de antepasados que han hecho lo mismo durante generaciones.

En el campo de críquet de Baisley Pond Park, en Jamaica, Queens, Derick nos cuenta las diferencias culturales que existen entre jugar al críquet en Nueva York y en Guyana, y cómo, a pesar de todo, siempre consigue unir a la gente.

¿Cómo conociste el críquet?

Mis antepasados fueron traídos [a Guyana] como esclavos de la India para trabajar en la industria azucarera. India (e Inglaterra) es la cuna del críquet. Si provienes de allí, lo más probable es que sepas jugar o tengas algún tipo de conocimiento sobre él. Cuando [mis antepasados] vinieron a Guyana, simplemente se transmitió de generación en generación. En cuanto puedas sostener un bate, te llevan al parque y te enseñan a jugar. Primero comienzas a jugar para tu pueblo. A partir de ahí, te seleccionan para todo el distrito. Después entré en la selección nacional. Con tan solo 16 años, jugué para Guyana.

Retratos: Familia, críquet y comunidad con Derick Narine
Retratos: Familia, críquet y comunidad con Derick Narine

Te mudaste a Nueva York justo cuando comenzabas la secundaria. ¿Cómo fue?

Estaba muy ilusionado. Tenía muchas ganas de ver todo eso que sale en la televisión y las películas. Cuando llegué aquí, resultó que las cosas eran totalmente diferentes, especialmente Queens. Pensaba que íbamos a tener una casa con jardín y todo eso, pero las casas están muy amontonadas. No era lo que me había imaginado.

¿Pensabas que podrías jugar al críquet en Nueva York?

No, porque no sabía que se jugaba [en los Estados Unidos]. Cuando empecé la secundaria en el instituto John Adams, uno de mis compañeros, que era mi vecino en Guyana, me dijo que había un equipo de críquet. Jugué una sesión y el entrenador [me hizo] capitán. Jugamos y ganamos el campeonato. [Fue la] primera vez que John Adams lo ganó.

Retratos: Familia, críquet y comunidad con Derick Narine

¿Cómo es el ambiente en Queens? ¿Te vacilan mucho cuando juegas?

Todo depende de con quién juegues. Los indios no dicen mucho y, aunque lo dijeran, no hablo su idioma y no les entiendo, a pesar de que mis antepasados provienen de la India. Los jamaicanos te insultan. Te dicen todo tipo de cosas, pero tienen que decirlo de manera que el árbitro del partido no les oiga, porque pueden ser penalizados. No nos lo tomamos en serio porque lo cierto es que nosotros podemos hacerles lo mismo, pero [a veces] te afecta. Si tu papel es defensivo, solo buscas bloquear la pelota para que tu compañero pueda golpear.

¿Cómo son los campos en Nueva York?

Jugamos en todas partes. Los campos de Kissena [en Flushing, Queens] son de lo peor. Hay agujeros justo detrás de donde batimos y, además, hay un estanque enorme. Si el keeper pierde la pelota, se va rodando hasta el agua. Cuando eso ocurre, tenemos que coger un palo y tratar de sacarla, aunque luego está húmeda e hinchada.

"A pesar de todo lo que está pasando, [la gente] no haa dejado de jugar al críquet".

¿Cómo es la comunidad de críquet?

Cuando termina el partido, el equipo [contrario] se acerca y te felicita. Te dicen cosas como "Juegas muy bien. ¿Tienes Facebook? ¿Instagram? Me gustaría que me dieras algunos consejos sobre esto y aquello". Cuando jugamos un partido importante, todo el mundo sale a mostrar su apoyo. El críquet congrega a mucha gente. A pesar de todo lo que está pasando, [la gente] no ha dejado de jugar al críquet.

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