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Los efectos de tener una actitud positiva

Ser optimista es una elección que puede darte una vida más sana y feliz. Con estos consejos adoptarás esta actitud de forma sencilla.

Los efectos de tener una actitud positiva

Los optimistas esperan lo mejor. Se enfrentan a la realidad pensando que todo es posible y que además saldrá bien. Esta mentalidad suena de fábula. Pero ¿funciona? ¿La gente optimista vive mejor? Según los estudios, sí.

Según una revisión de estudios publicada en la revista Cardiology, en un grupo de casi 230.000 personas, se relacionó a las que presentaban niveles más altos de optimismo con un menor riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular grave. Y en un estudio reciente de Harvard con unos 13 000 participantes, quienes afirmaron ser optimistas también tenían mejor salud física y hábitos más saludables, además de más apoyo social y mayor bienestar psicológico y social.

Si estás a punto de dejar de leer porque asumes que estos resultados solo los consiguen los optimistas, deberías saber que está en tu mano tener una mentalidad positiva.

"El optimismo es algo moldeable, así que se puede aprender a ser más optimista", comenta Elaine Fox, catedrática de Psicología y Neurociencia afectiva en la Universidad de Oxford, y autora de "Una mente feliz". El primer paso para elegir ser positivo en vez de negativo es descubrir por qué tu cerebro está programado según una u otra tendencia.

"Cuando tienes expectativas positivas, es más probable que pongas energía en lo que tratas de lograr. Con expectativas negativas, no sabes hacia dónde o hacia qué te diriges, por lo que a menudo no das ningún paso".

Loretta Breuning, doctora en Psicología y

fundadora del Inner Mammal Institute

"Las interconexiones neuronales que generan un pensamiento positivo o negativo se desarrollan cuando somos jóvenes", explica Loretta Breuning, doctora en Psicología, fundadora del Inner Mammal Institute y autora de "La ciencia del pensamiento positivo". Nuestras experiencias pasadas, específicamente las de la infancia, moldean las expectativas positivas o negativas sobre cómo saldrán las cosas, añade Breuning. Es algo fundamental para encontrar nuestra motivación más adelante en la vida.

"Cuando tienes expectativas positivas, es más probable que pongas energía en lo que tratas de lograr. Si tienes expectativas negativas, seguramente no lo harás, ya que tu cerebro no está diseñado para perseguir algo de lo que no sacarás nada. Con expectativas negativas, no sabes hacia dónde o hacia qué te diriges, por lo que a menudo no das ningún paso", comenta.

El hecho de ver el vaso medio vacío no solo desencadena que se libere cortisol, una hormona del estrés que envía una alerta de "amenaza" al cerebro, sino que perpetúa la situación, añade Breuning. "Refuerzas ese patrón neural negativo, lo asumes y fijas. Se activa tan fácilmente que no sabes ni cómo llegó a tu cerebro".

Cuando te atrapa esta espiral pesimista, probablemente te parecerá que no sirve de nada repetirte mentalmente que debes pensar en positivo. Además, limitarte a pensarlo no es demasiado eficaz, subraya Fox. Los beneficios de la positividad no van ligados a cómo pensamos, sino a qué hacemos. "Si haces muchas cosas positivas, mejorarás tu estado de ánimo y tendrás una mentalidad positiva", resume Fox.

¿Te sientes con fuerza? Descubre cinco formas de conseguirlo.

  1. Dedica 3 minutos al día a reestructurar tu cerebro

    Durante 1 minuto, imagina qué pasos positivos podrías dar, independientemente de la situación en la que te encuentres. Por ejemplo, no puedes salir de casa y te aburres mucho. Durante estos 60 segundos, piensa en todo lo que podrás hacer durante ese tiempo: ordenar tus cosas, tocar la guitarra o meditar.

    Hacer este ejercicio 3 veces al día (por ejemplo, después de cada comida) durante 6 semanas puede reestructurar tu cerebro para lograr una mentalidad positiva. "No se trata necesariamente de hacer y acabar cosas, sino de sustituir las expectativas negativas por positivas, porque sabes que las negativas representan solo partes aleatorias en tu vida y no la realidad", comenta Breuning.
  2. Comprométete a realizar una actividad que te haga sentir bien todos los días

    Libera todo el estrés en un entrenamiento, cocina tu plato favorito o haz una videollamada a un amigo. Cualquier cosa, por pequeña que sea, que te ayude a sentirte mejor física, mental o emocionalmente puede fomentar una mentalidad positiva, comenta Fox. "Lo importante es que hagas algo que te ayudará a fomentarla. No te limitas a tener la esperanza de poder ser más optimista", añade.
  3. Ten determinación

    Seguro que muchas veces te han dicho: "Sigue intentándolo, una y otra vez". Esa tenacidad es un componente clave del optimismo, según Fox. Es porque, cuanto menos te dés por vencido y más te esfuerces, más probabilidades tendrás de triunfar. Y el éxito nos hace sentir y actuar de forma más positiva.
  4. Controla lo que puedas

    "Los optimistas sienten que tienen la situación bajo control", comenta Fox. Una manera de asumir esta mentalidad consiste en centrarte en lo que puedes hacer, en vez de en lo que no.

    Por ejemplo, quizás se haya cancelado esa carrera para la que tanto entrenaste y perderás la oportunidad de batir tu récord personal. Pero puedes marcarte un nuevo objetivo de entrenamiento para ponerte a prueba, como usar el rodillo de espuma todas las noches o añadir verdura a todas tus comidas. Conseguir esa sensación de control es reconfortante y estimulante. Además, puede empujarte a tomar decisiones más positivas.
  5. Espera lo mejor y prepárate para lo peor

    Puedes ser optimista y aun así, prepararte para cuando las cosas no salgan bien. De hecho, esta actitud, que Fox denomina "optimismo realista", te proporcionará una mejor perspectiva que creer ciegamente que todo es color de rosa. Porque no es así. Prepararte para afrontar dificultades e imprevistos, como que te entre hambre cuando corres una larga distancia y no te hayas llevado nada de comer, te da el control.

    "El truco es no obsesionarte con los posibles contratiempos. En una mente sana reina un equilibrio estable, entre una valoración sensata de posibles amenazas y peligros, y el optimismo general de pensar que las cosas acabarán siempre bien, aunque no sea de la forma que esperabas", añade Fox.