Expedición Lava Loft
Hay lugares que no están hechos para todo el mundo. Las Dolomitas no son precisamente acogedoras, pero harán una excepción si llevas el equipo adecuado.
Lava Loft nos ha guiado como un mapa desgastado: alzamos la vista y nos dimos cuenta de que llamarla montaña se quedaba corto, aquella bestia de boca abierta era otra cosa. Luego llegó el frío.
Más de una vez, el frío nos mordió la cara, pero Lava Loft contraatacó, manteniendo nuestro core y brazos calientes y en plena forma para la marcha.
Los senderos se retorcían entre rocas tan grandes como ogros caídos. Avanzábamos con la urgencia que el viento nos imponía, con los dientes apretados, levantando las rodillas contra su corriente. Sudábamos pero no lo sentíamos, porque desaparecía de la piel antes de notarlo gracias a un tejido fusionado con partículas de oro que expulsaba el vapor hacia afuera como un profundo y merecido suspiro. Solo sal, la huella fantasma de nuestro esfuerzo.
La niebla se disipó, dando paso al sol. 280 gramos guardados en la mochila, los bolsillo e incluso debajo del gorro. Olvidados.
Más tarde, en el campamento, nos dimos cuenta de que lo único que nos había separado de un destino adverso era esa capa ligera y porosa de plumón invencible.
Expedición Lava Loft
Hay lugares que no están hechos para todo el mundo. Las Dolomitas no son precisamente acogedoras, pero harán una excepción si llevas el equipo adecuado.
Lava Loft nos ha guiado como un mapa desgastado: alzamos la vista y nos dimos cuenta de que llamarla montaña se quedaba corto, aquella bestia de boca abierta era otra cosa. Luego llegó el frío.
Más de una vez, el frío nos mordió la cara, pero Lava Loft contraatacó, manteniendo nuestro core y brazos calientes y en plena forma para la marcha.
Los senderos se retorcían entre rocas tan grandes como ogros caídos. Avanzábamos con la urgencia que el viento nos imponía, con los dientes apretados, levantando las rodillas contra su corriente. Sudábamos pero no lo sentíamos, porque desaparecía de la piel antes de notarlo gracias a un tejido fusionado con partículas de oro que expulsaba el vapor hacia afuera como un profundo y merecido suspiro. Solo sal, la huella fantasma de nuestro esfuerzo.
La niebla se disipó, dando paso al sol. 280 gramos guardados en la mochila, los bolsillo e incluso debajo del gorro. Olvidados.
Más tarde, en el campamento, nos dimos cuenta de que lo único que nos había separado de un destino adverso era esa capa ligera y porosa de plumón invencible.