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QUE LA CALLE SEA TU ESTADIO

Pum. Pum. Pum. Así empezó todo. Raheem, su balón y una pared. Nada más.

No era más que otro chico travieso de Brent que perseguía su sueño. Veía de lejos el estadio de Wembley y no estaba dispuesto a parar. Cuando su madre lo llamaba a voces para comer, la mesa puesta se quedaba esperándolo mientras solo se oía el sonido de su balón: pum, pum, pum; acompañado de su "solo cinco minutos más".

APRENDE DE LOS MEJORES

Volvía locos a sus profesores. Raheem siempre se metía en líos. Pero, claro, ¿cómo iba a concentrarse cuando el timbre del recreo estaba a punto de sonar? Fuera se sentía Ronaldinho. Sus pases sin mirar, sus caños y sus elásticas. Los profesores podían esperar; Raheem tenía que ponerse manos a la obra.

VE A POR TODAS

Raheem estaba empezando a llamar la atención, pero el entrenamiento le quedaba muy lejos. Su hermana lo llevaba hasta allí atravesando todo Londres. Tres autobuses a la ida y tres a la vuelta. No volvían a casa hasta pasadas las 11 de la noche. Pero al día siguiente volvían a empezar con la misma rutina. Y al siguiente. Y al siguiente.

SUPERA LAS EXPECTATIVAS

Le decían que nunca lo conseguiría. Que las probabilidades no estaban de su lado. Obviamente, Raheem hacía oídos sordos. A los 17 ya jugaba para Inglaterra y con 24 años es el capitán. Y esto no es más que el principio. Algún día, será el mejor del mundo. Digan lo que digan.

FUERA ODIOS

Ha ganado dos ligas consecutivas y aún le quedan muchos éxitos por delante. Sin embargo, la prensa está castigando mucho a Raheem y a otros jugadores. Todo por su aspecto y por cómo crecieron. Su madre lo educó muy bien. Por eso, Raheem cierra la puerta a todo ese odio con sus propias palabras. Porque la cosa no solo va con él, sino con todos los jugadores que vengan después.