El verdadero significado de "escuchar a tu cuerpo"

Asesoramiento

No se trata solo de una frase trillada. Es una forma legítima de encontrar a tu mente y cuerpo exactamente dónde se encuentran cada día para que puedas lograr todos los avances.

Última actualización: 30 de junio de 2022
6 minutos de lectura
  • Un enfoque flexible para tus entrenamientos (en el que aumentas, reduces o incluso te saltas el entrenamiento en función de cómo te sientas) puede darte muchos más beneficios.
  • Estar presente y notar ciertas señales puede ayudarte a agudizar tu conexión entre el cuerpo y la mente, facilitando que te des lo que necesitas.
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Lo que los entrenadores quieren decir con "Escuchar a tu cuerpo".

Progresar en cualquier aspecto de la vida requiere de mucho equilibrio y flexibilidad: la idea es desafiarte sin exagerar, y tienes que ser capaz de cambiar si algo simplemente no funciona. Ahí es donde entra en juego el dicho de gimnasio por excelencia: "Escucha a tu cuerpo".

Claro, esa frase puede parecer vaga y poco útil. Según el instructor de yoga Alex Silver-Fagan, escuchar a tu cuerpo consiste en sintonizar con tu conexión entre la mente y el cuerpo para guiar tus movimientos de forma que te den lo que necesitas tanto a nivel físico como emocional.

Puede que te parezca extraño, pero está demostrado científicamente. El cerebro hace un seguimiento de las señales internas del cuerpo y detecta su estado, desde la información sensorial y la aceleración de las pulsaciones hasta la rigidez muscular, o la sed o el hambre. Este proceso es la interocepción. "Una buena interocepción se traduce en una conexión ideal con el cuerpo que permite captar mejor esas señales", explica Jonathan Gibson, profesor asociado de psicología en la South Dakota School of Mines and Technology. Las personas con una mejor interocepción suelen tener un mayor bienestar mental, emocional y social, ya que esta percepción les permite saber con frecuencia qué es lo que necesita el cuerpo, afirma Gibson. Del mismo modo, los estudios también han asociado esta habilidad con un mejor rendimiento deportivo.

Es posible que pienses que la teoría es más fácil que la práctica a la hora de adquirir esta percepción. Y sí, no te equivocas. "Ya no tenemos tanta intuición como antes", dice Silver-Fagan. Hoy en día, hay tantos factores que te dicen cómo actuar que tu vocecita interna, esa que conecta cuerpo y mente, pierde fuerza.

Escuchar a tu cuerpo, o como lo llama la ciencia, "mejorar tu interocepción", es algo que puedes empezar a trabajar con estos consejos.

1. Pon los pies en la tierra de inmediato.

Para que tu mente escuche lo que dice tu cuerpo, tienes que aquietar tu cerebro. Para ello tienes que aplicar el mindfulness, o vivir el momento, lo cual es mucho más fácil de hacer a lo largo del día si empiezas en el momento en que te despiertas, señala Silver-Fagan. Antes de levantarte de la cama, siéntate en el borde con los pies apoyados en el piso, recomienda. Imagina que estás empujando para atravesar el suelo y llegar al piso de abajo hasta tocar tierra, afirma. Esto te ayuda a "centrarte" en tu persona para que puedas acallar el ruido interno y estar realmente presente y, por tanto, más atento a tus necesidades en cada momento.

2. Luego respira.

Después de poner los pies en la tierra o siempre que puedas hacer algo de tiempo, siéntate en la cama o en una silla durante cinco o diez minutos y controla tu respiración, centrando tu atención en el pecho o el vientre, indica Gibson. Esto "fortalece y reconfigura tu cerebro para llevar las señales interoceptivas hacia una mayor nivel de conciencia". Cuanto más practiques, mejor lo harás.

Para potenciar tu mindfulness mientras haces esto, repite un mantra en tu cabeza. "He estado trabajando con 'Estoy justo donde tengo que estar'", comenta Silver-Fagan. "Podría ser: 'Estoy aquí para mí en mi cuerpo' o expresar gratitud por otro día", agrega. Este proceso puede ayudarte a mantenerte presente cuando aparezcan esas sensaciones mentales y físicas (ansiedad, tensión en los flexores de la cadera), dándote la oportunidad de investigar. Puede que decidas que necesitas un vaso de agua en lugar de tu taza de café habitual para sentir un mayor equilibrio y menos nervios, o que decidas abandonar el entrenamiento HIIT que habías planeado en favor de una sesión de estiramientos o un largo paseo. ¿Ya ves?, te dijimos que te volverías más flexible.

Lo que los entrenadores quieren decir con "Escuchar a tu cuerpo".

3. Déjate llevar por tu instinto.

Tu mente puede tentarte a exagerar (un problema común para las personas que siempre buscan resultados) o a no darte crédito (especialmente cuando sientes mucha tensión o cansancio), cuenta Sue Falsone, especialista clínica en fisioterapia deportiva y recuperación. Para llegar al punto ideal, Falsone y Silver-Fagan recomiendan empezar con lo que te viene intuitivamente primero, comprueba cómo te sientes y luego haz ajustes a partir de ahí.

Imagínate que estás haciendo un ejercicio y el entrenador te plantea una serie de lagartijas, con la opción de hacer una versión modificada de rodillas, una largartija estándar o una lagartija declinada avanzada. Si con la lagartija estándar ya notas el esfuerzo, empieza por ahí, sugiere Silver-Fagan. Pero si crees que no va bien (es decir, sientes molestias en el hombro o no puedes mantener la postura), ponte de rodillas. Y al revés. Si comienzas con una lagartija estricta y crees que podrías intensificarla más, prueba levantando los pies. Quédate como estás si sientes que es difícil, pero que ya lo dominas.

4. Escucha a tu corazón, tus pulmones y tus músculos.

Si te centras en tu frecuencia cardíaca cuando sientes que el corazón se te va a salir del pecho (por ejemplo, mientras haces burpees), puede que estés empezando a tomar conciencia de tu cuerpo, explica Lisa Feldman Barrett, una reconocida profesora y doctora en psicología de la Universidad del Nordeste que ha dirigido estudios sobre la conexión entre el cuerpo y la mente. Los investigadores creen que centrarse en las señales del cuerpo, incluso en la respiración y las sensaciones musculares y articulares durante los ejercicios más intensos, puede ayudarte a detectarlas mejor cuando aparecen en los ejercicios más suaves.

Si necesitas ayuda para empezar, usa un pulsómetro. Saber cuál es tu frecuencia cardiaca cuando haces ejercicio te ayudará a decidir, por ejemplo, si tienes que correr menos kilómetros o añadir una cuarta serie a tu circuito de fuerza, explica Falsone. Así, te acostumbrarás a usar el pulsómetro para saber si tienes que restar o añadir intensidad. Al final lo harás de forma intuitiva y le aportarás a tu cuerpo lo que necesita sin la ayuda de ningún aparato.

5. Lleva un registro escrito.

A medida que aprendas a escuchar mejor a tu cuerpo en tiempo real, puedes ir llevando un diario de cómo te sientes. Por ejemplo, semanas después de tu primer entrenamiento de cardio o tras varios días levantándote de la silla y haciendo ejercicio de forma constante. Así, no solo empezarás a escuchar a tu cuerpo, sino que aprenderás de ello, dice Silver-Fagan. Tal vez te pasa que cuando sales a correr tres días seguidos, vas mucho más despacio en la secuencia de Vinyasa de tu clase de yoga, por lo que eliges hacer a una clase de restauración en esos días en lugar de un entrenamiento más intenso. O quizás tienes más dolor en el cuerpo cuando te pasas todo el día en el sofá después de un entrenamiento intenso, así que te propones hacer algún ejercicio durante tus días de recuperación.

Ya no solo escuchas, sino que mantienes una conversación plena y productiva con tu cuerpo, explica Silver-Fagan. Y esa es la clave del progreso que perdura.

Texto: Caitlin Carlson
Ilustraciones: Gracia Lam

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